Por qué quiero que mis hijos sepan empatía antes que inglés

empatía

Estamos acostumbrados a considerar las emociones y la inteligencia como dos características distintas, de hecho, opuestas: por un lado, la inteligencia guía nuestras acciones de forma racional, mientras que las emociones nos empujan a un comportamiento impulsivo y hacia metas irracionales.

En el siglo XX, Howard Gardner propuso una concepción multidimensional de la inteligencia, identificando distintas tipologías y diferentes estilos cognitivos individuales. El éxito de esa teoría y la reciente explosión de los estudios científicos sobre las emociones, junto con el gran desarrollo de la investigación en neurociencias han permitido la introducción en la literatura científica y en el saber popular del concepto de inteligencia emocional.

Daniel Goleman, principal representante de esta línea de estudios, sostiene que la inteligencia emocional consiste en la capacidad de identificar y expresar las emociones, de negociar soluciones y analizar la situación social y de mantener el autocontrol. Según el autor, de hecho, algunos comportamientos típicos de nuestra época (la soledad, la depresión, pero también fenómenos de delincuencia y agresividad, dependencias de alcohol y drogas) serían el resultado de un analfabetismo emocional generalizado, una señal importante de la necesidad de una pedagogía sobre la gestión de las emociones.

La verdad es que la inteligencia académica no proporciona ninguna preparación para superar las dificultades y aprovechar las oportunidades de la vida, capacidades que, en cambio, poseen los que dominan el plano emocional. Esto es aún más cierto cuando lo insertamos en el contexto de un mundo VUCA como el que vivimos actualmente. El acrónimo ingles VUCA —Volatile, Uncertain, Complex, Ambiguous (volátil, incierto, complejo y ambiguo)— se puede aplicar a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Vivimos en una era de cambios cada vez más rápidos e impredecibles. Ningún país, sociedad, organización, industria o individuo es inmune. Nos afecta a todos, con independencia de donde vivimos o de cuál es nuestra edad. Movernos en este volátil, incierto, complejo y ambiguo mundo no es nada fácil.

¿Cómo podemos manejar esta incertidumbre, cambios y creciente ambigüedad? Gandhi dijo que “la vida no es esperar que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia”. Adaptarse a los cambios exige inteligencia emocional.

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